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El 5 de diciembre de 1985.
Malcolm Forbes.
Sí, el de la revista.
En Christie’s.
Sí, la de las subastas.
Pagó 156.450 dólares por una botella de vino, casi medio millón de ahora.
Récord mundial.
Una sola botella.
Era un Château Lafite de 1787.
En el cristal aparecían grabadas dos iniciales:
“Th.J.”
Thomas Jefferson.
¡Sííí, el presidente!
La botella cruzó el Atlántico y terminó expuesta en la colección Forbes de Nueva York.
Porque ese es el problema de gastarte 156.450 dólares en una botella de vino.
Que deja de ser vino.
Ya no puedes decir:
“Vamos a ver qué tal está esto.”
O dejarla en el maletero del coche si te apetece.
Solo puedes guardarla.
Y esperar.
Ahora viene lo bueno…
La pusieron en una vitrina, con focos apuntándola.
El calor de los focos secó el corcho.
El corcho cayó dentro de la botella.
Medio millón de dólares para acabar con el tapón flotando en el vino.
¿Quieres más?
Con los años, varios expertos empezaron a dudar de que aquellas botellas fueran de Jefferson.
Negocio redondo.
Seguramente tú no tengas una botella de 156.450 dólares en casa.
Pero puede que tengas una de 80.
O de 100.
O incluso de 150.
Una de esas botellas que compraste porque te dijeron:
“Esta es para guardar.”
Y ahí sigue.
Nunca es el momento.
Nos ponemos tan románticos…
“Esta la guardo.”
¿Para qué?
¿Para tus 50, cuando ya te lo haya prohibido el médico?
¿Para cuando se case tu hija?
¿Para cuando el Madrid vuelva a fichar bien?
Y mientras decides qué acontecimiento histórico, o planetario, está a la altura de tus 100 euros…
el vino envejece.
Y a veces, cuando por fin te decides…
Llegas tarde.
Por eso, cuando alguien me pregunta:
— ¿Qué vino guardo? —
Mi respuesta es siempre la misma:
Un buen Cabernez Franc del Loira.
Philippe Alliet V.V. 2022
Cuesta menos de 30 euros.
Hace unas semanas abrí un 2011.
Bien.
También me lo bebí, no pienses que soy un flojo.
¿Y?
Acojonante.
Por eso, una no.
Compra seis.
Bébete alguna.
Guarda el resto.
Y el año que viene, compras otras seis.
¿Y al siguiente?
¡Otras seis! ¡Obvio!
Así siempre tendrás vino para abrir y vino envejeciendo.
Sin convertir cada botella en una decisión de Estado.
Sin esperar una boda.
Ni a que el Madriz vuelva a fichar bien…
Hazme caso.
Compra seis.
El porte te lo regalo.
El vino, no.
PD: He dicho seis.
Nacho Jiménez.
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