Hoy vamos a hablar de un vino que tuve la suerte de beber la semana pasada con unos amigos, que no es otro que este Gevrey de Philippe Charlopin, su nombre se debe a que los viñedos de los que procede son ricos en roca caliza, tierras blancas, que aportan un perfil de vino muy diferente a otros Gevrey procedentes de terrenos más ricos en arcilla.

La botella en cuestión.

La botella en cuestión.


Philippe Charlopin es partidario de los vinos finos y redondos en boca, huyendo de los vinos con aristas y poco peso de fruta, si bien es partidario de usar barricas nuevas y con un tostado medio para conseguir este efecto, por lo que los vinos en su juventud pueden acusar esos tonos de la madera tostada. De igual forma es partidario de inertizar sus vinos con carbónico para protegerlos durante su guarda, por lo que es conveniente abrir sus vinos con antelación, usar copas amplias que favorezcan la aireación, e incluso una decantación suave.

Es con los años, como pasa en otros domaines con filosofías similares, cuando sus vinos demuestran todo su potencial, encontrándonos con una evolución perfecta, complejidad, finura y elegancia. Nunca defraudan.

La añada 2010 en mi opinión, es en Gevrey Chambertin, al igual que en Nuits St Georges, una de las buenas, con vinos accesibles en su juventud, pero alejados de diluciones y de falta en la concentración de fruta. Buen equilibrio, acidez compensada y una estructura tánica soberbia, fina, nada rústica.

 

Gevrey Chambertin
Gevrey Chambertin


Esta calidad de la añada unida al tipo de suelo en el que están asentadas las viñas de las que se elabora este vino, otorgan un Gevrey etéreo, brillante y floral, con una textura en boca fabulosa, fluida y potente en lo que a la concentración de la fruta se refiere. Largo y con una expresión caliza predominante.

¡Que lo disfruteis!